jueves, 13 de febrero de 2014

El paso Dyatlov



Nadie sabe lo que pudo suceder


pero todo el mundo vio una luz naranja

sobre los bosques del Ural


jóvenes que luchaban

contra las fuerzas naturales

como el proletario o el soldado

luchan sin fatiga

contra el enemigo.


La nieve descendía entonces

de otra forma

-había cansancio bajo los párpados-


pero era el fuego

quien dominaba a la materia.


Veo esas frentes límpidas


cráneos de granito pulidos

en la dulzura juvenil


como Heracles en lucha

con los leones


o en su viaje a la India.


Pero algo sucedió

-algo que asombra los oídos

y que hace temblar a las piedras-


No olvidaremos sus nombres

- Dyatlov, Kolmogorova,

Zolotariev-


un antiguo cirílico

brilla todavía en la nieve

como una piedra orgullosa


y todos los días

en la oscura noche del Ural


parten hacia el cielo


las cenizas inmortales

de Yuri Gagarin.



lunes, 10 de febrero de 2014

Recuerdos infantiles



No mucho más que unos ojos

cansados


Nada de esa elocuencia poética

que exigen los creadores

de la alta literatura.


solo un arco de piedra


y un hombre ebrio y vacío

con las manos sobre el asfalto.


Ahí tienes todo tu orgullo

y tu ruina.


No lo diría ese niño rencoroso

que te acusa


desde el agrietado marco


de su foto.



Instantánea de un borracho



Con inocencia casi ciega

el hombre ebrio golpea su botella

contra el caos de alambres

y rendijas

abandonadas por la lluvia


mas sigue caminando


quién sabe si alguna luz brilla

en su cabeza

-helada-


o es solo la honda y turbia

mirada


del que conoce demasiadas cosas

-y demasiado incomprensibles-


gira una esquina más


como si fuera a dar con el Olimpo


en su lugar se estrella

heroicamente contra una farola


y se rinde con devoción


ante el fraternal abrazo

del asfalto







sábado, 8 de febrero de 2014

Prometeo



No es posible imaginar

a Prometeo en el Cáucaso


-un águila que devora

sin cesar un hígado

y un hombre devorado

sin cesar-


no es posible imaginar

la llaga perpetua


-cosa que no conocen siquiera

las piedras,

los animales que mueren

por la sed

bajo la luz del desierto-


la vida solo es posible

más acá de los páramos


y de la nieve


más allá del Cáucaso


Dejemos que Prometeo

siga devorado por su águila


pero solo

en su crátera griega

e inmortal.






domingo, 2 de febrero de 2014

Casi muerte



Concedamos una pequeña existencia

a lo no vivo,

-como quería Platón,
quizá-

a las cosas que se arrastran

queriendo parecer algo menos negro

que la muerte


-las avenidas vacías

de un villorrio manchego

o la tundra hispánica

de Calatrava-


porque también nosotros

hace tiempo que perdimos

la capacidad para simular

la vida.


La vida

-cosa extraña-

¿A quién le importa?

¿Quién puede pensarla?

¿Qué obtendría con ello?


Nunca podemos confesarlo,

pero todos

-todos-

hace ya tiempo que elegimos.


Un vapor helado

desciende sobre un páramo

de cables y chatarra.



Es la nieve.

Paisaje castellano-manchego

Novatos del ser


quién sabe en qué viejo antro

terminaremos nuestros días,

bajo qué hábitos,

bajo qué reglas y consignas


Un viejo neumático se rinde

en medio de la estepa castellana.


Bajo un tractor acampa

un mendigo,

o un loco,

o una piedra.


La estabilidad iguala.

El ser anula toda diferencia.


Un cielo plomizo

nos sepulta


con la ligereza de un ave.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Pensamiento post-gravitatorio.

Es posible imaginar una clase de pensamiento que no sea capaz de establecer compromiso alguno con ningún objeto de estudio, una clase de pensamiento que por una necesidad ciega de la naturaleza, o a causa de una disociación cognitiva del sujeto individual que genera el pensamiento, se vea obligado a peregrinar a través de una extensión de hechos diversos, inmensurables en ocasiones, un peregrinaje impulsado por un temor irracional a la caída en el fenómeno aislado e irreductible, un pavor cuya cura solo puede establecerse a través de vínculos maternos en la totalidad ya desterrada y censurada, al precio impagable del destierro perpetuo.

Ese pensamiento, cuyo maridaje con la totalidad no es posible por la vía consciente, ha de imaginar su devenir deseado como el futuro encuentro con  la Idea, con el concepto-llave que le servirá de guía para situar el verdadero valor y alcance de su propia existencia. Esta clase de pensamiento solo podría tener valor como imagen alegórica de un estado del mundo cuya unidad, como dice Adorno, reside en su diferencia, donde la inteligencia se ha convertido en función de la estupidez autista que solo comprende como "comunidad" el conjunto restringido de los actores empleados en una muy determinada y especializada actividad científica o intelectual. Un mundo unido en torno a sus más irreductibles diferencias como mecanismo de reproducción de un discurso cuya verdad se ha "demostrado" sin necesidad alguna de demostración.  


Ese pensamiento ha de comprender que lo más que puede exigir a esa espera es el propio pensamiento de la espera, y quizá, de su imposibilidad, en cuanto deseo edípico ilegítimo e incomunicable. La aceptación de una única vía de exploración posible- la de los márgenes del discurso- puede no obstante implicar un peligro suplementario: el desasirse de toda gravedad, como el astronauta que abandonando su nave en el espacio pierde su lugar de referencia, su fijación en torno a un punto, para hundirse finalmente en la oscuridad del cosmos. Y sin embargo, ¿No sería ese hundimiento una forma- desesperada- última de conquistar de nuevo la totalidad perdida? 

En la colección Prinzhorn de arte psiquiátrico, existe una obra que registra sin cesar una colección infinita de números, a fin de encontrar el orden perdido que otorgaría la posición exacta a cada número en la secuencia- se podría decir, el sentido de la existencia de cada número-. Hoy hemos perdido ese orden; este no se encuentra ni en las particularidades científicas inmensurables propias de cada ontología regional del conocimiento, ni tampoco podría hallarse en ese pensamiento que podríamos llamar "post-gravitatorio". La diferencia última es que este al menos haría justicia a la totalidad, cuyo repudio es solo parte del mismo acto impotente que la niega por no ser capaz de apresarla. 

(Fragmento de "Trazo y curvatura", proyecto).